Esta historia empieza con un primer fragmento, pero todavía no sabemos cómo termina.
Durante seis semanas, una nueva voz se sumará para continuarla. Cada fragmento seleccionado se
incorporará al anterior y, semana a semana, la historia irá creciendo hasta completar sus 7 partes.
Volvé cada semana para descubrir cómo sigue.
FRAGMENTO #1
Casa de Letras
El sobre decía: “Abrir dentro de veinte años”. Mi abuelo había escrito la frase con marcador azul y una letra temblorosa. Nadie le prestó demasiada atención porque mi abuelo vivía inventando misterios. Enterraba monedas en el jardín, escondía llaves en los libros y aseguraba haber conocido a Gardel en un colectivo. Veinte años después, sin embargo, la fecha llegó. Nos reunimos en la cocina para abrir el sobre. Esperábamos una broma, una receta, una reflexión sentimental. Encontramos un mapa. En el margen inferior había una sola frase: “Todavía están a tiempo”.
FRAGMENTO #2
Eve Labandeyra
Mi hermano acercó la cara y me quitó el sobre.
—¿Hay algo más?
—No, Javier. Ya revisé bien. Es solo este mapa.
Lo saqué y lo levanté a contraluz.
—La Pampa.
—A ver —dijo mi madre.
El mate se le escapó de la mano y cayó sobre la mesa.
—¿La Pampa? —dijo Javier.
—Sí.
Mi madre frunció la boca y volvió al mapa.
—Pablo, eso es Berlín.
Revoleé los ojos.
—Bueno, se parecen.
Mi madre se asusta con facilidad. Cada vez que se abre la puerta del ascensor y hay alguien, pega un salto. En ese momento agarró el repasador y lo pasó por la mesa para limpiar el enchastre. Después lo enroscó en el puño y agarró el sobre con la otra.
—Hay una fecha.
La leyó.
—Tres años después de mi nacimiento.
Volvió al mapa.
—Esa casa la conozco.
El celular de Javier vibró sobre la mesa y se desprendió un poco de la yerba que tenía pegada.
FRAGMENTO #3
Vera Alimonda
Vuelve a vibrar. Javier, con fastidio, lo da vuelta y queda pantalla para abajo.
— ¿Qué casa? —preguntó, ansioso.
Mi madre tardó en responder. Miraba el mapa como si esperara que las líneas se movieran.
—La de la abuela —dijo—. La que vendimos después de que murió.
—Pero esa casa estaba en Flores – dije.
—No, no. La de Flores era otra.
Javier soltó una risa corta.
— ¿Pero cuántas casas tenía la abuela?
Mi madre levantó la vista, seria.
—La que conocieron. Y otra.
Permanecimos en silencio unos segundos. Afuera pasó un colectivo y las ventanas vibraron.
— ¿Y dónde queda? —pregunté.
Mi madre señaló un punto en el mapa. Todos llevamos los ojos a su dedo índice.
— ¿¡En Berlín!? —preguntamos al unísono.
Javier se frotó las palmas.
—Bueno —dijo—. Abrite un vino, vieja, y empezá a contar.”
FRAGMENTO #4
Daniela Echenique
Las palabras temblaban y se entrelazaban en un nudo que no lograba salir de su boca.
— ¡Vieja! ¿Qué sucede? —preguntó Javier.
Él tragó saliva; era tanto el silencio que pudo oírse en toda la habitación.
— Dale, vieja —dije— y sin darme cuenta mis dedos tamborileaban impacientes sobre la mesa.
— Esa casa cobijó a la abuela hasta dejar atrás su primera juventud —habló por fin mi madre. Ella siempre decía que las ciudades oscuras dejan marcas muy profundas.
— ¿Cuánto sabía el abuelo de todo esto? —dijo Javier.
Mi madre no respondió con palabras. Se puso de pie y caminó firme hacia el viejo cofre que custodiaba con celo. De su interior extrajo un llavero de bronce oxidado con una inscripción borrosa; lo apoyó sobre el mapa, como quien entrega una confesión.
FRAGMENTO #5
Silvina Jamilis
—En este llavero estaban las llaves de la casa de Berlín —reveló mamá. El abuelo lo había enterrado al lado del naranjo.
Agarré el llavero. Decía Arbeit macht frei.
— ¿Y las llaves? —pregunté.
—Ustedes eran muy chicos cuando el abuelo empezó con sus episodios raros —recordó mamá—. Bueno, él escondió esas llaves adentro de libros. Fue la forma que encontró para calmar su angustia.
—Vieja, vos sabés algo que nosotros no sabemos —dijo Javier con fastidio— ¿O acaso esperamos veinte años para ver un mapa y un llavero?
Mamá se puso tensa.
—La noche antes de morir, él me dijo que había perdonado a la abuela —dijo con un suspiro.
—¿Perdonado? ¡No se entiende nada, vieja! ¿Podés ir al grano? —se impacientó Javier.
Mamá cerró los ojos y finalmente soltó:
—La abuela fue colaboracionista de los nazis.
FRAGMENTO #6
Dominique Lucía Grómez Badaloni
— ¿De qué estás hablando, mamá? No puede ser.
A mi madre se le quebró la voz. Se tomó un minuto antes de seguir.
— Los abuelos, en su juventud, eran comunistas. Cuando los nazis llegaron al poder, al principio, el abuelo estuvo con la resistencia. Incluso logró salvar a algunos amigos. Pero la abuela no. Según me contó él, algo cambió en ella. Se convenció de que todo estaba perdido. Y los nazis los tenían en la mira por haber sido miembros del KPD. La abuela decidió cortar todo lazo con sus amigos, borrar el pasado y mentir. Había que confundir al peligro.
— ¿Y el abuelo?
— La perdonó. Me dijo que ella creía estar salvando a la familia.
— ¿Y las llaves?
— En la casa de Berlín había quedado algo. Algo maldito, según el abuelo.
Javier miró el mapa.
— Entonces, ¿por qué nos dejó esto ahora?
FRAGMENTO #7
¿?
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